| Tipo: | Historia |
| Añadido por: | El_cai21 |
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La leyenda dice que el rey Fruela I de Asturias salió de caza con sus amigos y se pararon a comer en un lugar idílico, más o menos donde se encuentra hoy enclavada la ciudad de Oviedo. A lo largo de la conversación surgió una pregunta: ¿En qué lugar vas a empezar a construir la ciudad que será la corte?, a lo que el rey contestó en latín: Ubi edo, que quiere decir «donde como».
La ciudad de Oviedo surgió sobre una colina que los romanos llamaban Ovetao. Su fundador fue el rey asturiano Fruela, hijo de Alfonso I de Asturias (yerno y sucesor del rey Fruela I de Asturias), que reinó desde el 757 al 768.
A no mucha distancia de la vieja civitas romana de Lucus Asturum, en el año 761 el monje presbítero Máximo y su sobrino Fromistano decidieron fundar un monasterio a orillas de la calzada romana que unía León—Pajares—Lugo de Llanera y posteriormente erigieron una ermita en honor del mártir San Vicente. Poco tiempo después dos docenas de monjes se unieron al proyecto colonizador, transformándose el lugar en monasterio tal y como consta en el acta fundacional firmada el 25 de diciembre del año 781, siendo su primer abad Fromistano. Obtuvo seguidamente la protección del rey Fruela I, que eligió el lugar como residencia de Munia, su mujer, y en él nació su hijo Alfonso II, conocido como «el Casto».
Más tarde, el hijo de Fruela, Alfonso II el Casto trasladó la capital del reino de Asturias a este lugar y convirtió Oviedo en sede episcopal. Además la fortificó y dotó de palacios, iglesias y otras estructuras, como un acueducto (del que hoy solo quedan tres arcos).
Durante su reinado se descubrió en Compostela una tumba que se supuso del apóstol Santiago (en el 812), y este rey fue el primero en visitar la tumba partiendo desde Oviedo, con lo que Alfonso II se convirtió en el primer peregrino a Santiago de Compostela y se inauguró el primer camino de peregrinos, como puede leerse en un documento de Alfonso II fechado el 4 de septiembre del año 829, donde se concede a la iglesia de Santiago de Compostela el espacio comprendido en un radio de tres millas en torno a dicha iglesia, que fue construida para venerar las sagradas reliquias, y donde así mismo se cuenta como este rey se enteró del hallazgo y como acudió con los maiores de su palacio; aunque hoy en día se sabe que es falso, se supone que debe de basarse en otro verdadero de Alfonso II que ya no se conserva.
Dado su contacto con la corte de Carlomagno, comenzó a fluir desde el reino de éste un río de peregrinos que entraban por los Pirineos y por el norte iban hasta Oviedo y desde ahí hacia Santiago, con lo cual el camino norte es la ruta más antigua de los peregrinos a Santiago de Compostela. Si los primeros peregrinos usaban esta vía se debe a que más al sur el camino no era seguro en esa época porque se trataba de un territorio en que aunque conquistado ya a Al-Andalus, eran frecuentes las incursiones musulmanas. De hecho, el camino del sur es posterior, ya que sólo reyes posteriores pudieron desplazar a los musulmanes hasta más allá del Duero.
Foto panorámica de Oviedo desde el monte Naranco
En el año 1075 fue a visitar Oviedo en calidad de peregrino el rey de León y de Castilla, Alfonso VI. Abrió solemnemente el Arca Santa en la iglesia de San Salvador, que contenía muchas y muy buenas reliquias que habían estado escondidas en el monte Monsacro, a raíz de la invasión musulmana. A partir de este hecho, Oviedo y sus reliquias fueron internacionalmente famosas, hasta tal punto que los peregrinos que venían a Santiago de Compostela se desviaban en León e iban hacia el norte para hacer un alto en esta ciudad asturiana y venerar las reliquias. De hecho hay un refrán antiguo que dice Quien va a Santiago y no a San Salvador, visita al siervo y olvida al Señor, indicando por tanto que Oviedo era ruta obligada para los peregrinos del camino.
El rey Juan I, en 1388, funda el Principado de Asturias, título inaugurado por el infante don Enrique, hijo de aquél, y que desde entonces corresponderá a los sucesores a la Corona; Oviedo se convierte, entonces, en la capital del Principado. Al tiempo surgía la Junta General del Principado de Asturias, institución de derecho público que como Junta de Concejos funcionó con carácter permanente en el Principado de Asturias desde mediados del siglo XV hasta 1834, año en que se dio paso a las Diputaciones Provinciales.
Durante la Edad Moderna hubo una inmovilización económica debida a un cierto aislamiento. A finales del siglo XVIII la ciudad empezó a experimentar una vida cultural bastante alta, destancando la figura de Feijoo. Se creó la Sociedad Económica de Amigos del País que llegó a ser un grupo con un cierto prestigio cultural e influencia política.
A comienzos del siglo XIX los ovetenses fueron de los primeros españoles en rechazar la invasión francesa, y el 9 de mayo de 1808 iniciaron el alzamiento de Asturias para defender la independencia española, como puede leerse en la siguiente placa conmemorativa del primer centenario de tan histórico acontecimiento. Fue el escenario de enfrentamientos entre absolutistas y liberales. La decisión la toma la Junta General del Principado en la noche del 23 al 24 de mayo de 1808, obligada por la presión popular. Las tropas francesas fueron rechazadas, tras tener sometida la ciudad durante un año.
Durante la revolución de 1934, protagonizada por los mineros de la Cuenca, la ciudad queda asolada en buena parte: resultan incendiados, entre otros edificios, el de la Universidad, cuya biblioteca guardaba fondos bibliográficos de extraordinario valor que no se pudieron recuperar, o el teatro Campoamor. La Cámara Santa en la Catedral, por su parte, fue dinamitada.
Durante la sublevación del ejército en 1936 que dio lugar a la Guerra Civil, la ciudad quedó en manos de los sublevados (bajo el mando del coronel Aranda), permaneciendo sitiada por las tropas leales al gobierno republicano, hasta que las tropas sublevadas rompieron el cerco en 1937, con la caída de toda la zona norte en manos franquistas. La ciudad quedó reducida prácticamente a cenizas.
A los ovetenses se les llama familiarmente carbayones y tienen un pastel típico de la ciudad llamado carbayón. El carbayo es un roble, árbol sagrado para los antiguos asturianos y cántabros. Por "el Carbayón" se conocía popularmente a un árbol centenario sito en la calle Uría (a la altura del Paseo de los Álamos) hasta que en el año 1879 fue derribado para hacer el ensanche hacia la estación de tren. En desagravio de este hecho, en 1950, el municipio plantó otro roble cerca del teatro Campoamor y en el lugar donde estaba el Carbayón se colocó en la acera una placa conmemorativa.
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