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Tipo:Historia
Añadido por:Josuesaiz

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Ramón Pérez de Ayala

Biografía
Hijo de un comerciante de textiles que en su juventud estuvo en Cuba, perdió a su madre en su primera infancia y siempre se resintió de esta orfandad, padeciendo soledad y miserias afectivas derivadas, además, de estar la mayor parte del tiempo como interno en los colegios de la Compañía de Jesús de Carrión de los Condes y "La Inmaculada" de Gijón. Eso le reportó un gran caudal de conocimientos humanísticos, debidos en parte al único profesor con el que simpatizó, el gran erudito Julio Cejador y Frauca, a la sazón incómodo huésped en una orden que no tardaría en abandonar. El anticlericalismo que le inspiró la educación jesuítica está plasmado en su novela autobiográfica A.M.D.G., cuyo título hace alusión al lema Ad maiorem Dei gloriam, propio de la Compañía de Jesús.

Estudió derecho en Oviedo bajo la protección de Leopoldo Alas, "Clarín". Allí entró en contacto con los pensadores del Krausismo, entre ellos Rafael Altamira, Posada y otros. Dispuso de la excelente biblioteca del marqués de Valero de Urría. Por entonces se deja melenas y viste con chaleco y monóculo como un dandy y exhibe una personalidad volteriana y liberal. Le atrae tanto el Regeneracionismo de sus mentores como el Decadentismo estético de la Europa de preguerra. Aborrece el conservadurismo burgués de la ciudad de Oviedo, que en su obra aparece bajo el nombre de "Pilares". Otras denominaciones encubren en su obra literaria lugares y personajes reales: "Noreña" es Cenciella; "Novillo" es el presidente de la diputación Corbera, en Belarmino y Apolonio; "Pia Octava Cioretti" en La pata de la raposa es Natalia Perotti, viuda de Martín Escalera.

El ovetense Pedro González Blanco le puso en contacto con los modernistas de Madrid: Jacinto Benavente, Francisco Villaespesa, Gregorio Martínez Sierra, Juan Ramón Jiménez, Ramón María del Valle-Inclán y José Martínez Ruiz, "Azorín". En 1902 El Progreso de Asturias imprimió por entregas su primera novela, Trece dioses. Fragmentos de las memorias de Florencio Flórez, muy en la órbita decadentista del Valle-Inclán de las Sonatas. En 1903 funda con los Martínez Sierra, Gregorio y María, Helios. Revista del Modernismo. A partir de 1904 empieza a colaborar en El Imparcial y ABC, y marcha a Londres en 1907 para huir del escándalo provinciano que se monta al publicarse su novela Tinieblas en las cumbres, inciada dos años antes con otro título, Eclipse de sol; allí se mantiene con la ayuda de su padre y una corresponsalía periodística. En 1908 se entera de la ruina y suicidio de su padre.

Comparte ideas radicales con su amigo Azorín, al que sirvió de "negro", como López Pinillos, cuando este se sumió en una crisis depresiva. Viajó por Francia, Italia, Inglaterra, Alemania y Estados Unidos y fue corresponsal de guerra durante la del 14 para La Prensa de Buenos Aires. De su visita a los campos de batalla surgió su obra Hermann encadenado (1917). En 1927 obtiene el Premio Nacional de Literatura. 1928 es elegido miembro de la Real Academia de la Lengua. En 1931, con José Ortega y Gasset y Gregorio Marañón, firma el manifiesto «Al servicio de la República». El régimen republicano le encarga la dirección del Museo del Prado, y recibe un ascenso administrativo y una diputación a Cortes. En 1932 es nombrado embajador en Londres, cargo del que dimite en 1936, descontento del rumbo político que imponía el Frente Popular. Vuelve a España.

Al iniciarse la Guerra Civil Española toma partido por los nacionalistas, envía a sus dos hijos como voluntarios al ejército nacional y abandona Madrid. En una «carta abierta» publicada el 10 de junio de 1938 en el diario londinense The Times explica su actitud. Vive en París y Biarritz y más tarde en Buenos Aires donde recibe su sueldo de funcionario a través de la embajada española. Visita varias veces España y en 1954 regresa para quedarse definitivamente.

Murió en Madrid el cinco de agosto de 1962.

Labor
Cultivó todos los géneros y destacó en todos ellos menos en el teatro, que intentó en 1905 al estrenar en Oviedo una obra escrita con Antonio de Hoyos y Vinent, la comedia Un alto en la vida errante; Sentimental club (patraña burlesca) es una antiutopía que, aunque se publicó, no pasó a las tablas. Hoyos adaptó al teatro su novela Tigre Juan en 1928. En la lírica se aprecia la inspiración simbolista y culturalista del Modernismo; es poesía ideológica y conceptual, pero provista de emoción humana, y aun ha sido mal estudiada. Con Miguel de Unamuno es, pues, uno de los cultivadores de la poesía filosófica en esa época, pero no desdeña la sonoridad en el verso. Escribió tres libros de poemas, La paz del sendero (1904), cuyo título alude a la tierra, donde se percibe la huella del Modernismo, un modernismo no grandilocuene ni de receta, de Gonzalo de Berceo y de Francis Jammes; es un libro intimista y horaciano, y no desdeña la musicalidad. El sendero innumerable (1915) es su segundo libro, cuyo título alude al mar. El sendero andante (1920), cuyo título alude al río, cierra su obra poética con una aproximación al pesimismo del la generación del 98, sin abandonar su tendencia modernista. Quedó por editar un cuarto libro que sería el verdadero cierre de la obra poética del autor, El sendero ardiente. En sus libros se evocan temas de la poesía áurea española; otros temas son la soberbia intelectual, que aparece en un poema sobre San Agustín; la ataraxia, la búsqueda de equilibrio y de paz, etc...

Destacó también el el ensayo, género en él dominante y que asoma también en su poesía lírica y su novela, muy intelectualizadas. Cultivó sobre todo la crítica teatral y la literaria. A la primera consagró los dos volúmenes de Las máscaras (1917-1919). Política y toros (1918) recoge sus artículos sobre ambos temas.

En cuanto a su producción narrativa. Los críticos suelen distinguir dos etapas en su actividad novelística.

En la primera, correspondiente a su época juvenil, aparece como un escritor realista con una visión pesimista de la vida, que se trasluce a través de una sutil ironía. Pertenecen a esta etapa una serie de novelas en parte autobiográficas (el protagonista de las novelas, Alberto Díaz de Guzmán, o Bertuco, es el alter ego del autor, que tomó el apellido de unos parientes suyos de Logroño con los que vivió unos meses) como Tinieblas en las cumbres (1907), historia cruda de libertinaje, publicada con el seudónimo de Plotino Cuevas, que noveliza la historia real del viaje en tren desde Oviedo al puerto de los señoritos y las pupilas del más lujoso burdel de Oviedo, para ver un eclipse de sol; también aparece la idea del artista desencantado con us educación castrante y burguesa que persigue una pureza regeneradora; la estética alterna naturalismo, decadentismo y modernismo; otro personaje de la novela reaparecerá después, la obrerita seducida, con un hijo y convertida en hetaira para poderlo mantener, Rosina; la obra termina con una apoteosis de nihilismo; La pata de la raposa (1911), segunda parte de la anterior, análisis del amor puro y sensual; A. M. D. G. (1910), obra de carácter antijesuítico que causó un cierto escándalo en su descripción de la vida de un colegio de internado administrado por jesuitas, del cual se escapa un chico, y donde algún sacerdote da rienda suelta a sus tendencias pedófilas; Troteras y danzaderas (1913), descripción de la vida bohemia de Madrid. En estas novelas se realizan algunos experimentos narrativos, como la alternancia de puntos de vista en contrampunto.

De transición pueden considerarse las novelas cortas recogidas en Bajo el signo de Artemisa (1916), que son Prometeo, Luz de domingo, La caída de los limones y El ombligo del mundo, donde se encuentra una visión muy negra y sórdida de la brutalidad y violencia caciquista de la vida rural.

Con Belarmino y Apolonio (1921) empieza su segunda etapa, donde abandona el realismo en favor del simbolismo caricaturesco y el lenguaje se recarga con componentes ideológicos propios del ensayo. En ella analiza el tema de la duda trascendental en un alma profundamente religiosa. Pertenecen también a esta etapa Luna de miel, luna de hiel (1923) y su segunda parte, Los trabajos de Urbano y Simona (1923) recogidos luego en una sola obra con el título de la segunda. Se trata de la historia de dos jóvenes educados tan estrictamente que no saben qué es el sexo y se les concierta su casamiento; pero no hacen nada sexual y deciden llevarlos al campo para que en contacto con la naturaleza desarrollen sus instintos reprimidos. Hay puntos de contacto con otra novela de Unamuno, Amor y pedagogía. Tigre Juan (1926) es considerada como la mejor novela de Pérez de Ayala, y refleja la evolución de un hombre extremadamente machista hacia una comprensión más humana mediante el torcedor de la infidelidad de su mujer.

El estilo de Ramón Pérez de Ayala se caracteriza por la ironía y el uso de un lenguaje muy refinado, donde abundan las alusiones, las citas encubiertas y la intertextualidad, por la abundancia de cultismos y helenismos y por el uso ocasional de las técnicas degradantes del esperpento. El perspectivismo y el contrapunto son técnicas que a veces utiliza, dividiendo incluso la página en dos columnas para contrastar puntos de vista. En su primera etapa reproduce de forma casi naturalista los sonidos.

Por Josuesaiz, miércoles 07 febrero, 2007

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